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Las ruinas, encontradas con un láser desde el aire, pueden pertenecer a la Ciudad Blanca, la leyenda más conocida del país.
Científicos del Centro Nacional de Cartografía Laser Airborne de la Universiad de Houston han hallado lo que podrían ser dos ciudades perdidas bajo la selva de Honduras.
Los expertos cargaron un avión con un sistema que rebota miles de millones de pulsos láser en el terreno y mide el tiempo que tardan en volver. Según han explicado los científicos, aunque la mayoría de los pulsos se reflejan en la vegetación, una fracción pequeña llega al suelo. De esta manera los investigadores pueden construir un mapa de la superficie de la zona elegida. Este método se ha utilizado para el cáculo de la masa de la Amazonía o para ‘cazar’ estructuras adicionales en Stonehenge (Reino Unido).
Ahora, un equipo ha decidido utilizarlo en los densos bosques de América Central y ha encontrado, entre la vegetación “enormes agujeros negros en el mapa sobre el cual se sabe muy poco”. Todos eran posibles ubicaciones de una ruina buscada, conocida como la Ciudad Blanca. “La Ciudad Blanca es la leyenda más conocida en Honduras”, ha explicado el científico de este proyecto Juan Carlos Fernández Díaz, en un artículo publicado por ‘Nature’.
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Las ruinas, encontradas con un láser desde el aire, pueden pertenecer a la Ciudad Blanca, la leyenda más conocida del país.
Los lingüistas están siguiendo estrechamente los pasos de sus colegas los biólogos evolutivos para reconstruir el pasado del lenguaje humano, la forma en que una hipotética habla ancestral fue ramificándose de manera incesante hasta producir la babel actual de 5.000 idiomas irreconciliables. Investigadores británicos y neozelandeses han hallado ahora sólidas evidencias de que todas las lenguas habladas actualmente en Europa y Asia, desde Lisboa a Pekín, provienen de una sola que se habló en el Mediterráneo hace unos 15.000 años, cuando la última glaciación empezó a remitir y las nuevas tierras emergidas del hielo perpetuo comenzaron a trazar las sendas que conectaron el gigantesco continente entero.

Una esfera con una masa de dos millones de soles y un diámetro de más de tres millones de kilómetros (ocho veces la distancia de la Tierra a la Luna), cuya superficie gira casi a la velocidad de la luz, es lo que más se aproxima al agujero negro que han observado astrofísicos estadounidenses y europeos con dos telescopios espaciales. Lo que han conseguido confirmar por primera vez es que los agujeros negros situados en el centro de las galaxias giran a gran velocidad, lo que da pistas sobre cómo y cuándo se formaron y crecieron.
La Obra Social la Caixa ha decidido cerrar el Museo de la Ciencia CosmoCaixa de Alcobendas y “reorientar” su programa ‘Ciencia en Sociedad’ en la Comunidad de Madrid con el fin de “incrementar su impacto y número de beneficiarios”, según ha explicado la Fundación en un comunicado.
La administración de Obama está preparando un proyecto, que durará aproximadamente una década, para examinar cómo funciona el cerebro humano y construir un mapa de su actividad. La iniciativa busca hacer lo mismo que el
Arqueólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han descubierto en Luxor, Egipto, el sarcófago intacto de un niño que vivió durante la época de la dinastía XVII, alrededor del año 1550 antes de nuestra era. Las radiografías realizadas apuntan a que el niño podría haber fallecido a la edad de 5 años. El hallazgo se engloba dentro de la XII campaña del Proyecto Djehuty, coordinado por el investigador del CSIC en el Instituto de Filología José Manuel Galán y financiado por Unión Fenosa Gas.
escrita. El estilo de la talla y la fina capa de pintura blanca que lo recubre son similares a las ocho figuras de madera, ‘shabtis’, que han sido encontradas en las inmediaciones de la sepultura. El sarcófago ha sido localizado en el transcurso de las excavaciones que el equipo liderado por Galán realiza en la necrópolis de Dra Abu el‐Naga, en la orilla occidental de Luxor, antigua Tebas.
Los escarabajos peloteros no están siempre con el hocico en sus bolas de excrementos. Saben también mirar al cielo. Un equipo de científicos suecos y surafricanos ha descubierto las extraordinarias dotes ‘astronómicas’ de estos coleópteros. Para orientarse al trasladar sus bolas de excremento, no sólo usan el Sol, la Luna y la luz de las estrellas, sino también el brillo de la Vía Láctea, una habilidad que hasta ahora jamás se había observado en un insecto.